martes, 2 de diciembre de 2014

UN DIGNO OBITUARIO PARA EL PERIODICO

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Este viernes, en Machulambia, tenuemente se apago la existencia de la distinguida dama doña Marcianita Tirapiedra Jimenez , sumiendo su hogar en sombras de dolor y de lágrimas.
Una perdida extremadamente sensible, constituye para la sociedad de esta ciudad, pues fue su vida, una historia blanca de sacrificio y de amor; fun­dó un hogar cristiano, en donde los mandamientos de Dios fueron código inapelable, de forzoso cumplimiento. Sencilla y afable, dignificó la sociedad de la que fue parte integrante.
Una dama, muy querida de todos, formo entre sus amistades un eslabón o una cadena indefinida de súbditos que la querían con la fuerza arrebatadora de una idea que asociaba los sentimientos de confianza, de abnegación y de amor.

Tronco de familias prestantes, esta esclarecida dama enalteció su vida en el ejercicio constante del bien, e hizo de ella, una ofrenda permanente al deber, un culto a las más dignificantes tradiciones.

Con el señor Eujidio Saryuris Caballo, distinguido varón de grandes meritos, formo su hogar dignísimo, tutelado por severas normas Cristianas, enaltecido por el edificante ejemplo de un padre abnegado dispuesto en todo momento al renunciamiento de su propia felicidad, si ella procuraba la de sus seres amados. 

El municipio de Machulambia, su  tierra natal, la conto siempre como uno de sus más preciosos exponentes. Matrona Irremplazable, esposa y compañera modelo, madre en !a plena concepción del vocablo, eso fue siempre y esa la trilogía de merecimientos que guiaron su vida. Consecuente con su misión terrenal, fue decidida colaboradora de su esposo, compañera abnegada y luchadora incansable, no desmayo jamás en el cumplimiento de su deber y fue segura y confiada hacia su fin, llevando a flor de labios la oración. Mantuvo siempre encendida la fe,  como  una hoguera, abnegada y virtuosa, por  eso su huella, no podrá desaparecer en olvido.
En esta hora de tremendo do­lor, enviamos nuestro sentido pésame a su esposo don Eujidio Saryuris Caballo y a sus hijos, don Abalgamar, don Aristipo, don Siniberto, doña Aorfa, y a doña Diomarluby; a las señoritas Miglaisy y doña Hildary y familia, residentes en el pueblo.

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