Pocas horas
antes de ser ejecutado, un joven en su celda, pidió como último deseo, papel y
lápiz. Luego de escribir por varios minutos, le dijo a su custodio:
- Por
favor, entregue esta carta a mi madre!!
La carta
decía así:
Madre, creo
que si hubiera más justicia en este mundo, tanto tú como yo deberíamos de ser
ejecutados. ¡Tú eres tan culpable como yo de mi miserable vida!
¿Te
acuerdas madre, cuando llevé a la casa aquella bicicleta que le quité a otro
niño igual que yo? Me ayudaste a esconderla para que mi padre no se enterara.
¿Te
acuerdas madre, cuando me robé el dinero de la cartera de la vecina? Fuiste
conmigo al centro comercial y lo gastamos juntos.
¿Te
acuerdas madre, cuando botaste a mi padre de la casa? Él sólo quiso corregirme
por haberme robado el examen final de mi grado y como consecuencia me
expulsaron.
Madre, yo
era sólo un niño, luego fui adolescente y ahora un hombre mal formado! Era sólo
un niño inocente que necesitaba corrección, y no consentimiento.
Te perdono, y
sólo te pido que le hagas llegar esta reflexión a todos los padres del mundo,
que sepan que ellos son los únicos responsables de formar, a un hombre decente,
o a un vulgar delincuente.
Gracias madre
por darme la vida y gracias también por ayudarme a perderla.
Firma ¡Tu
hijo, El Delincuente!
Dios
bendiga a aquellas madres que se sienten Orgullosas de haber formado hombres
útiles a la Sociedad y no delincuentes a los que no les tiembla la mano para
arrancar Vidas y robar lo que con tanto sudor y trabajo le cuesta a los demás.
La electricidad además de
producir luz y calor también sirve para conectar al mundo a través de las redes
y las emisiones de radio y televisión. A lo largo de los últimos siglos nuestra
dependencia respecto de la electricidad ha ido aumentando progresivamente.
La energía eléctrica es,
a día de hoy, base fundamental del sistema productivo de una sociedad, y está
íntimamente relacionada con su desarrollo y prosperidad.
¿Se imaginan un
mundo sin electricidad, y
por ende, sin tecnología?
Dependemos de ella prácticamente
para todo y si no la tuviéramos sin dudas que un montón de cosas
dejarían de funcionar, sin mencionar que seguramente se desataría el pánico en
todo el globo porque muchos no estaríamos preparados.
Una tormenta solar o un
fenómeno similar podrían dejar el planeta sin energía eléctrica. Vivir a
oscuras es una cosa, pero podría tornarse peor en caso de que el evento
destruya nuestras redes eléctricas en todo el globo, las cuales demorarían años
en ser restauradas.
Piensa en casi 9 millones
de habitantes de la tierra, tratando de conseguir agua, pues será casi
imposible conseguirla a través de los acueductos que dependen de la energía
eléctrica; tratando de conseguir alimentos en las grandes ciudades donde solo
llega transportada por vehículos, que dependen del combustible, producido con
la ayuda de la electricidad. En los primeros días tendríamos una mortalidad
alta, especialmente en los hospitales y posiblemente la delincuencia se
desbordaría.
IMAGÍNATE LA FRUSTRACIÓN
DE LOS BANCOS, POR NO PODER COBRARNOS HASTA LA SONRISA?
Imagínate quedarte en
forma instantánea, sin luz eléctrica, sin computadora, sin Internet, sin
vehículo para desplazarte, sin calefacción, etc. El caos total.
No hay dudas de que nos
hemos vuelto demasiado dependientes de la tecnología. Al final, tanta
tecnología que encontramos por aquí y por allá nos ha convertido en seres menos
independientes y a su vez más materialistas.
El desarrollo tecnológico
ha impulsado a la humanidad durante generaciones y nos ha llevado hasta el
lugar donde estamos hoy en día.
Sin la energía eléctrica,
volveríamos a ver además muchas cosas que abundaban en el mundo hace siglos
atrás, tales como grandes barcos de vela, la gente comenzaría a utilizar más a
los animales de granjas, el caballo volvería a ser el principal medio de
transporte junto con los trenes a vapor. El carbón una vez más ocuparía su
posición como el combustible número 1 del mundo. Seguramente también se tendría
que volver a recurrir a la iluminación por medio de velas y del fuego como ocurrió
durante miles de años.
La fabricación de
medicamentos cambiaría totalmente, teniendo la gente que recurrir a medicinas
más tradicionales. Ciertos instrumentos médicos tampoco serían útiles, lo cual
llevaría a ver un mayor número de enfermos. Al volverse un poco menos
materialistas, es probable que las personas comiencen a rechazar el dinero y
los metales preciosos, optando por el viejo sistema del trueque para conseguir
lo que necesitan.
En pocas palabras, el
estilo de vida, probablemente, retrocedería al del año 1850
aproximadamente, aunque claro con algunas diferencias.
Aquel día, me desperté con mucha flojera y
renegando. Con trabajo pude deshacerme de las
cobijas. Me dirigí al baño arrastrando los pies mientras maldecía el
tener que levantarme de la cama sin poder quedarme en ella todo el día.
Desayuné con los ojos tan cerrados como mi
mente. Tal pereza me dominaba, que por no meter el pan en el tostador,
preferí comerlo frío y beber la leche directamente de la botella. ¿Por
qué tener que trabajar? ¡Esa sí era una verdadera maldición!
Salí de mi casa en dirección a la oficina en mi
vehículo con asientos de piel y calefacción, observando en el camino el
pavimento humedecido por la lluvia y seguía maldiciendo el tener que ir a
trabajar.
El semáforo marcó el alto y, de pronto,
como un rayo, se colocó frente a todos los automóviles algo que parecía un
bulto. Por curiosidad abrí más mis ojos somnolientos y pude descubrir que
lo que parecía un bulto, era el cuerpo de un joven montado en un pequeño carro
de madera. Aquel hombre no tenía piernas y le
faltaba un brazo. Sin embargo, con su mano izquierda lograba conducir el
pequeño vehículo y manejar con maestría un conjunto de pelotas con las que
hacía malabares.
Las ventanillas de los automóviles se abrían
para darle una moneda al malabarista que llevaba un pequeño letrero sobre el
pecho. Cuando se acercó a mi auto pude leerlo:
"Gracias por ayudarme a sostener, a mi hermano
paralítico".
Con su mano izquierda señaló hacia la banqueta y ahí pude ver a su
hermano: sentado en una silla de ruedas, colocada frente a un atril que
sostenía un lienzo, movía magistralmente con su boca un pincel que daba forma a
un hermoso paisaje.El malabarista mientras recibía ayuda, vio el asombro de mi cara y me
dijo:
- ¿Verdad que mi hermano es un artista? Por eso
escribió esa frase sobre el respaldo de su silla.
Entonces leí la frase que
decía:
"Gracias Señor por los dones que nos das. Contigo
no nos falta nada".
Recibí un fuerte golpe en mi interior
mientras el hombre-bulto se retiraba y el semáforo cambiaba del color
rojo al verde. Mi semáforo interior cambió desde aquel día. Nunca
más se me volvió a encender la señal de alto, que me paralizaba por la
pereza.
Siempre he tratado de mantener la luz verde y
realizar mis trabajos y actividades sin detenerme. Aquel día descubrí que
ante aquellos jóvenes, yo era el paralítico.
Desde aquel mismo día, nunca he dejado de
agradecer.
-Ahora no tengo todo lo que quiero; pero le doy
gracias a Dios por lo que tengo.
-El salario apenas me alcanza para pagar las
cuentas, pero gracias a Dios que por lo menos tengo un trabajo para ganar el
sustento.
-Los problemas se me han venido multiplicando
como si fueran mágicos; pero gracias a Dios tengo paciencia y fortaleza para sobrellevarlos.
-A
veces creo que no podré seguir adelante con tanto conflicto; pero le doy
gracias a Dios porque cada mañana siento dentro de mi corazón que sí
puedo.
-Los
años han ido pasando rápidamente, mi piel está un poco arrugada, y mis cabellos
se están poniendo blancos; pero le doy gracias a Dios por la alegría que siento
de vivir.
Cada día le doy gracias a Dios por los
conflictos que pude resolver, por los problemas que pude superar, por la
enfermedad que pude soportar, por el odio que se transformó en amor, por la
soledad que puedo sobrellevar. Cada día lo bendigo por haberme enseñado a
decir:
"Gracias
Señor por los dones que me das. Contigo no me falta nada".