sábado, 23 de noviembre de 2013

VLAD DRĂCULEA (DRÁCULA)



A comienzos del siglo XV vivió en la región de la Val aquia un déspota llamado Vlad Dracul. En 1436 se auto proclamó: "Vlad, hijo del difunto príncipe Mircea, voivoda de las regiones transalpinas"
Voivoda o vaivoda, del eslavo vaivod, que significa príncipe, es el título que poseían los príncipes soberanos de Moldavia, Valaquia o Transilvania.
En 1437 se hizo llamar: "Cristo Dios, muy fiel amante autócrata de Cristo Jesús, gran voivoda y soberano dominador de Hungro-Valaquia y de las regiones ultramontanas".
Fue célebre por su crueldad. Se creaba enemigos continuamente y los hacía empalar introduciéndoles un hierro en el ano, que con el peso de su víctima penetraba en las entrañas y hacía que el torturado muriera entre atroces sufrimientos. En la agonía, los empalados giraban sobre sí mismos haciendo más dolorosa la introducción del hierro. También les clavaba las manos y los pies en un madero para que el martirio fuera más duradero. Un día hizo hervir a un gitano acusado de robo e hizo que la familia comiese su cuerpo.
En Schylta, en 1462, hizo matar 25.000 personas y en otra ciudad 30.000. Hacía decapitar a los prisioneros turcos y servía luego las cabezas a otros cautivos antes de decapitarlos.
Drac en rumano significa diablo, diablillo, y draci significa poseído por el diablo, y la palabra Drakul, entre los moldavos, se aplica a los vampiros, que según la leyenda, se alimentan de la sangre humana.

A continuación algunos relatos de su maldad:
Eliminación de pobres y gitanos
Cuando la población se quejaba de los continuos robos que sufrían por parte de ladrones y asaltantes en sus territorios, y de los pobres, que no aportaban nada al país. Vlad, organizó un festín en una casa de las afueras de la ciudad, al cual se invitó a pobres, ladrones, tullidos, leprosos, enfermos y pordioseros, las grandes viandas y el vino estaban por doquier. Cuando ya todos estaban bien servidos de comida y borrachos de vino, Vlad se presentó con su guardia en la casa y preguntó a todos los allí reunidos si querían tener una vida sin privaciones ni preocupaciones y que todos los días se dieran festines como aquél, a lo que los mendigos y demás personas respondieron que sí y que había sido el mejor día de sus vidas. Vlad mandó a sus soldados que cerraran todas las puertas de la casa y prendieran fuego sobre ella. Nadie quedó con vida. Eliminó la pobreza. Esto se fue repitiendo con todos los mendigos en cada comarca de su principado. Llegaron a morir 3600 personas.
El siguiente grupo para él improductivo con el que quiso acabar fue el de los gitanos. Vlad reunió a los trescientos de una comarca, mandó que asaran a los tres líderes para que los demás se los comieran o, a cambio, se alistaran al frente turco; si no, todos serían asados. Los gitanos prefirieron alistarse.
Los Mensajeros turcos
En cierta ocasión, se presentaron ante él unos emisarios del Sultán procedentes de Estambul. Estos iban ataviados con sus ropas tradicionales, entre ellas el turbante. Al presentarse ante él, Vlad les preguntó por qué no le mostraban respeto descubriéndose la cabeza, y los turcos respondieron que no era costumbre en su país. Vlad, ofendido ante tamaña desfachatez, los devolvió a Estambul con los turbantes clavados a los cráneos.
El comerciante honrado
Un comerciante se presentó en su castillo para denunciar que le habían robado una bolsa de monedas de oro. Vlad le dijo que volviera al día siguiente. Cuando el mercader retornó al día siguiente, los ladrones y todos los miembros de sus familias estaban empalados en el patio del castillo. Frente a ellos, Vlad en su trono y la bolsa robada.
Entonces el Empalador le pidió al comerciante que contara las monedas de la bolsa, para comprobar si faltaba alguna. El aterrorizado extranjero las contó cuidadosamente y musitó finalmente:
-Sobra una.
Vlad le contestó:
-Id con Dios comerciante, tu honradez te ha salvado. Si hubieras intentado quedártela, habría ordenado que tu destino fuera el mismo que el de tus ladrones.
Las caravanas de comerciantes
Unas caravanas de comerciantes alemanes en su ruta desde Serbia hasta Hungría no pararon en Valaquia a comerciar con Vlad. Éste, al enterarse de la falta de respeto hacia él y su pueblo, mandó capturar las caravanas y asesinar a los 600 comerciantes que las componían exceptuando a dos; a uno de ellos le sacó los ojos y al otro le cortó la lengua y los hizo volver con las cabezas de los comerciantes a Serbia.
La copa de oro
También puso en una fuente de la plaza de la capital de Valaquia, Târgovişte, una copa de oro para que todo el mundo bebiera en ella, pero aquel que la robara se sometería a la justicia del príncipe. Durante los años de su reinado nadie osó robar la copa de oro.
La amante
Vlad tuvo muchas amantes a lo largo de su vida, probablemente debido al hecho de que le duraban muy poco. Un día, una de sus amantes le dijo que estaba embarazada de él. Vlad le envió una matrona para que la examinase y cuando ésta le dijo que no había tal embarazo le rajó literalmente el vientre a su amante, gritando que quería ver el fruto de sus entrañas. Castigó duramente el adulterio y no dudó en empalar a todas aquellas mujeres que fueran acusadas de ello.
El voivoda Dan
Otra de sus acciones fue la muerte al voivoda usurpador Dan. Éste había intentado derrocar a Vlad. Tras su fracaso, y después de ser capturado, Vlad lo mandó ejecutar, no sin obligarlo antes a cavar su propia tumba y asistir a sus propios funerales. Ocurrió en 1460.
Los dos monjes
Dos monjes fueron al castillo de Vlad. Cuando éste les preguntó qué les parecían los empalamientos, uno de ellos respondió que hacía muy bien en hacerlos pues era una misión divina castigar el crimen, mientras que el otro lo condenó. Uno de los monjes fue empalado y el otro fue recompensado. Según las versiones tradicionales rumana y rusa, premió al honesto y empaló al que lo alabó.
Los monjes mendigos
Cuando Vlad fue de visita a un pueblo de Valaquia, vio cómo dos monjes le pedían limosna. El príncipe les preguntó que por qué pedían limosna si podían vivir sin penurias colaborando en cualquier iglesia, y éstos le respondieron que mendigando podrían saber si iban a entrar o no en el reino de los cielos, a lo que Vlad sin más miramientos, les mandó empalar y les dijo que así sus dudas quedarían resueltas de inmediato.

Los historiadores que definen a Vlad III el Empalador como un héroe nacional destacan que, en aquel tiempo y lugar, el ejercicio del terror total era la única manera de mantener a raya a las fuerzas abrumadoramente superiores que, desde uno y otro lado, se disputaban las puertas de Europa y de Asia.
Desde esta perspectiva, Vlad Ţepeş habría sido simplemente un hombre de su tiempo, con la moral de su tiempo e incluso dotado de un sentido de la justicia y el patriotismo poco usual para una época tan convulsa, quien hizo estrictamente lo necesario para acobardar a los masivos extranjeros y a los desestabilizadores del interior.

En la literatura y el cine fue el modelo del género de terror y de vampiro, ya que se dice que bebía la sangre de sus víctimas en copas mientras comía delante de los empalados. Su sádica personalidad fue tomada por Bram Stoker como modelo para su obra  Drácula, escrita en 1897.
Para 1976, el gobierno comunista de Nicolae Ceauşescu lo declaró Héroe de la nación al cumplirse el V Centenario de su muerte.
Se han realizado infinidad de películas sobre el personaje, pero casi siempre desde la perspectiva del vampiro y no de su biografía real.
Existe una película rumana "Vlad Ţepeş" de 1979 que sí es histórica, dirigida por Doru Năstase sobre un guion de Mircea Mohor, donde Ţepeş es presentado como un héroe nacional.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario