martes, 6 de marzo de 2012

PARA MUJERES SIN ESTRÉS

Queridas amigas:
Nos importa un carajo cuánto pesan. Es fascinante tocar, abrazar y acariciar el cuerpo de una mujer. Pesarla, no nos proporciona ningún efecto.
No tenemos la menor idea de lo que es un talle. Nuestra evaluación es visual. Es decir, si tiene forma de guitarra, está buena. No nos importa cuánto mide en centímetros. 
Es una cuestión de proporción, no de medida.
Las proporciones ideales del cuerpo de una mujer son: Curvilíneas, pulposas, femeninas... Esa clase de cuerpo que de un solo golpe de vista uno identifica sin duda alguna y en una fracción de segundo.

Las flaquitas que desfilan en las pasarelas, siguen la tendencia diseñada por modistos, que dicho sea de paso, odian a las mujeres y compiten con ellas.

Esas tendencias son, lisa y llanamente, agresiones al cuerpo que odian porque no pueden tener.
No hay belleza más irresistible en la mujer, que la feminidad y la dulzura.
La elegancia y el buen trato. El maquillaje se inventó para que las mujeres lo usen. Úsenlo. Para andar a cara lavada, estamos nosotros.
Las faldas se inventaron para que luzcan sus magníficas piernas. ¿Para qué se las tapan con pantalones anchos? ¿Para que las confundan con nosotros? Una ola es una ola, las caderas son caderas y punto. 
Si la naturaleza les dio ese aspecto curvilíneo, es por algo y reitero: 
a nosotros nos gustan así.

Ocultar esas curvas, es equivalente a tener tu mejor sillón guardado en el sótano.
Entendámoslo de una vez, traten de gustarnos a nosotros, no entre ustedes, porque nunca van a tener una referencia objetiva de cuán lindas son de mujer a mujer. Ninguna mujer va a reconocer jamás delante de un hombre que otra mujer está linda.
El cuerpo cambia. Crece. No pueden pensar, que les puede entrar el mismo vestido que cuando tenían 25 años. Además, una mujer de 40 o de 50 años, a la que le entra la ropa de cuando tenía 20 o 25 años, o tiene problemas de desarrollo, o se está auto-destruyendo.

Nos gustan las mujeres que saben manejar su vida con equilibrio y saben manejar su natural tendencia a la culpa. O sea:
la que cuando hay que comer, come con ganas (la dieta vendrá en setiembre, no antes); cuando hay que hacer dieta, hace dieta con ganas (no se sabotea ni sufre); cuando hay que tener intimidad de pareja, la tiene con ganas; cuando hay que comprar algo que le gusta, lo compra; cuando hay que ahorrar, ahorra.

Algunas líneas en la cara, algunos puntos de sutura en el vientre, algunas marcas de estrías, no les quitan su belleza. Son heridas de guerra, testimonio de que han hecho algo con sus vidas, no han estado años en formol ni en un spa. ¡Han vivido!
El cuerpo de la mujer es la prueba de que Dios existe. Es el sagrado recinto donde nos gestaron a todos los hombres, donde nos alimentaron, nos acunaron, que nosotros sin querer las llenamos de estrías, de cesáreas y demás cosas que tuvieron que ocurrir para que estemos vivos.
Cuídenlo. Cuídense. Quiéranse. La belleza es todo eso. Todo junto

Atentamente: Un hombre

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